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Estas entrando en una descripcion maravillosa de las tareas que se realizan en el campo. Mejor dicho se realizaban.

 



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Sabor a Azucar PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Administrator   
Miércoles 23 de Mayo de 2012 15:23

Pagina 23

Los fuertes calores del verano han quedado ya lejos. Con las primeras lluvias del otoño el ambiente se impregna de humedad. Pasó la fiesta del pueblo. Nuestra Señora del Rosario parece la linea divisoria entre el verano y el otoño. Bastantes veces dicha fiesta está ya pasada por agua. Los que vinieron de fuera a celebrarla han tomado ya el camino de regreso. La aparición de alguna que otra niebla pegada al suelo hace el clima y el ambiente más desapacible. Especialmente en el amanecer y atardecer del día el frío se deja sentir más intensamente.

Los campos parecen dejarse invadir por la tristeza. La remolacha- casi unico cultivo que permanece en las tierras- ha perdido el verdor y el vigor de sus hojas. Lacias y desmayadas sobre los surcos parecen clamar pidiendo que alguien se acuerde de ellas y las libere del terreno que han ocupado hasta ahora y que ya no parece el suyo. El nabo ha crecido cuando le fue dado crecer. Es hora de arrancarla. La fábrica azucarera , hasta ahora dormida empieza a dar señales de vida. Los humos de sus chimeneas y las cuadrillas de trabajadores que en estos días van y vienen manifiestas su despertar. el grito de su sirena a lo cuatro vientos indica esto mismo.

Comienzan los primeros trabajo para arrancar el preciado fruto. Trabajos que no siempre resultan fáciles: el arado tirado por una pareja de bueyes o vacas tiene que arrancar de raíz los panzudos nabos fusiformes que se esconden bajo tierra. El terreno está la más de las veces demasiado humedo o encharcado; los animales sienten que sus patas se hunden en el; la reja se emboza con la tierra pegajosa y las mismas hojas de la remolacha; los pies del labrador se hunden tambien irremisiblemente. Mas de una vez habrá que rescatar las galochas o madreñas del fondo de la tierra como barcas que han naufragado. Labor demasiado dura esta de poner sobre la tierra el dulce fruto de la remolacha.

Y queda después el trabajo no menos duro de rabizar. Requiere destreza, temple y mañan. Asido fuertemente el tubérculo con una mano, deberá recibir un golpe seco y certero para separar su cabellera del resto del cuerpo; golpe que debe caer en el punto exacto para que con la hoja no vaya parte del cuerpo carnoso, ni con el nabo, parte de la hoja. Todo ello hecho con maestría y rapidez, ya que son muchas las piezas que deben pasar por esa guillotina artesana. La mano debe aguantar frío , barro y peso durante horas. Debe estar bien adiestrada para ello. A lo largo de la finca quedarán los montones de remolacha rabizada como pequeños cuerpos desnudos expuestos a la intemperie.

Resta una tercera e ingrata labor para los días sucesivos. Hay que entrar ahora en aquella tierra fangosa para sacar de allí el rico botín que se encuentra en los múltiples montones a lo, largo y ancho de la finca. Se prueba con el carro tirado por la pareja de bueyes. Las ruedas del carro son altas, estrechas y recubiertas de hierro. Esto es lo más adecuado para que cuando entre en aquel barrizal se hundan hasta el eje. El ganado tampoco podrá hacer la fuerza suficiente atrapado en aquella tierra movediza a duras penas podrá ser rescatado de nuevo, aunque sea de vacío , para colocarlo en camino duro y firme.

Hay un intentarlo por lo tanto, de otra forma. y no cabe esperar, pues la fábrica urge.  la fábrica ha señalado el día en que deberá recibir la carga. A mano, en infinitas idas y venidas , de los montones de remolacha, al carro.: del carro a los montones irán transportando el dulce fruto que , de momento, resulta demasiado amargo por los trabajos que comporta.

Algunas veces este trabajo es realizado por medio del trillo que se desliza por encima de la tierra pero con una carga que necesariamente tiene que ser pequeña. Por lo tanto, viajes tambien sin número de ida y vuelta para poder rescatar de la tierra tan dulce carga.

El frío hoy, la niebla a veces. La humedad siempre , hacen que esta labor de la recogida de la remolacha sea dura e ingrata. Por mucha ropa que se haya acumulado encima del cuerpo , no habrá nunca de librarse de persistentes romadizos, de fuertes catarros y , quizá en años venideros , de reumas deformantes en articulaciones de miembros superiores e inferiores. Dulce carga , dulce fruto, pero de amargos brabajos hasta verlo convertido en blanco y sabroso azúcar.

 

 

Última actualización el Domingo 10 de Junio de 2012 08:36
 

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